¡Taxi, taxi!

…¿Para qué trabaja Ud.?

icon-taxi¿Puede imaginarse el lector preguntándole al chofer de un taxi “para qué trabaja”? ¿Se imagina haciendo esa misma pregunta dos veces durante el mismo viaje? ¿Y tres veces? Bueno, eso es precisamente lo que hizo el equipo del Observatorio 1A durante 2013 y 2014. Se propuso tomar taxis en nueve ciudades de Latinoamérica y realizó tres veces la misma pregunta. El resultado: 27 respuestas, todas muy interesantes. Los encuestados son choferes de Bogotá, Lima, Mahahual (México), Santiago de Chile, Buenos Aires, Montevideo, Asunción, San Pablo y Curitiba.

Estudio realizado en nueve capitales de Latinoamérica

taxiTal vez parezca absurdo diseñar una encuesta de una sola pregunta, sobre todo si el monótono cuestionario se le repite tres veces a cada encuestado. Pero la esencia de este estudio no está en las preguntas sino en las respuestas. El piloto previo mostró que los trabajadores, a medida que respondían, crecían en sentido laboral. La hipótesis de esta investigación se apoya en diferentes aportes teóricos que van desde los principios básicos de la mayéutica socrática hasta la propiedad generativa que tiene el habla, según la Ontología del Lenguaje. De tal manera, al responder preguntas, el trabajador toma un rol activo en la comunicación y con las respuestas puede crear su propia realidad laboral (incluso mejorarla). Acaso por eso a los taxistas la encuesta no le pareció absurda. Por el contrario, se mostraron entusiasmados ante la repetición de cada pregunta. Veamos tres ejemplos.

La Ontología del Lenguaje le adjudica una propiedad generativa a la palabra.

El taxista de Buenos Aires

Era un día caluroso de septiembre 2014 y Juan Ramón no estaba de buen humor cuando subió el pasajero. Tenía el volumen de la radio alto y un periodista transmitía en tono sarcástico noticias negativas, vinculadas a temas políticos y económicos de Argentina. Luego de recorrer buena parte de la Av. Libertador rumbo al Río de la Plata, el pasajero le comentó que estaba haciendo una investigación sobre comunicación laboral. Se hizo un silencio largo que el mismo encuestador se vio obligado a romper: le preguntó si quería participar. El chofer accedió escéptico, casi con desgano. Sin embargo, para comenzar la filmación, apagó la radio, subió las ventanillas y encendió el aire acondicionado.

Para comenzar la filmación, el taxista apagó la radio, subió las ventanillas y encendió el aire acondicionado.

Ante la primera pregunta Juan Ramón respondió con una mezcla de enojo y orgullo: “Trabajo para mi país”. Su respuesta parecía más bien dirigida al periodista de la radio que acababa de silenciar. Luego de esa descarga giró en Leandro N. Alem y cambió de humor. Incluso sonreía, a pesar del caótico tránsito provocado por arreglos que se estaban realizando en esa avenida. Respondió las siguientes preguntas con mejor ánimo y en pocos minutos -antes de llegar a la Casa Rosada- redondeó sus respuestas hablando de felicidad (sí, leyó bien, de felicidad en el trabajo). El pasajero se bajó en Plaza de Mayo y el chofer lo saludó desde el auto con una sonrisa amplia en la cara y con los dos pulgares de la mano hacia arriba. Parece difícil de creer que una pregunta tan simple, repetida monótonamente, provoque algo así en un trabajador. Pero por suerte quedó filmado.

El taxista de Bogotá

Gonzalo se define como un tipo pragmático. Y realmente lo es. Trabaja hace 40 años, tuvo “muy buenos trabajos” y cuando escaseó la oferta laboral no dudó en hacerse taxista. No sin esfuerzo se compró el lindo carro que hoy conduce. Un cero kilómetro. Cuando el pasajero se presenta y le hace la primera pregunta de la encuesta, Gonzalo rápidamente responde: “No solo en Colombia, sino en todo el mundo, se trabaja por la necesidad”. Al escuchar lo taxativo de su respuesta el encuestador se imagina que seguirá hablando de dinero. Se imagina que dirá que “la plata” es la principal -o acaso la única- contraprestación laboral. Pero no.

“No solo en Colombia, sino en todo el mundo, se trabaja por la necesidad”

Ante la segunda pregunta, Gonzalo cambia completamente de enfoque y habla de su familia. En particular de su esposa. Pareciera que el pasajero, de repente, se encontrara ante otra persona. Ya no es el “taxista pragmático” de unos segundos atrás sino un “marido enamorado” de una mujer a la que describe con orgullo. Para cuando llega la tercera respuesta el hombre vuelve a dar otro giro de 180 grados. A pesar del pesado tránsito bogotano y de la permanente lluvia que complica las calles esa mañana, Gonzalo está motivado y lo expresa en voz alta. Ya no recuerda que tuvo un puesto de jefe en un importante banco de Colombia. Tampoco le importa tener dos carreras terciarias que no puede ejercer. Gonzalo solo dice: “Heme aquí manejando… A mí me fascina manejar”.

El taxista de Santiago de Chile

Es la hora del mediodía y hay mucho “taco” en avenida Providencia. A la altura de Manuel Montt, como quien va para la cordillera, avanza una lenta hilera taxis. Muchos están libres, pero uno se destaca. Es un carro moderno y bien lustrado, al que dan ganas de subir. Al volante está Marcelo, un taxista joven, seguro y animado. A diferencia de Gonzalo, es soltero. Acepta rápidamente la propuesta del encuestador y ante la primera pregunta no duda en responder: “mi trabajo me produce placer”. El encuestador se sorprende -y hasta desconfía- porque ese tipo de respuestas no suelen surgir en la primera pregunta. La tendencia arroja “auto-motivación creciente” a medida que se aplican las tres preguntas, pero el informe no dice nada de “placer de entrada”. Entonces infiere que el chofer está exagerando y que el testimonio no servirá para el estudio.

“Mi trabajo me produce placer”

Luego de unos segundos el encuestador recuerda que no puede hacer inferencias subjetivas y que debe indagar en los motivos de esa “extraordinaria” primera respuesta. Entonces, rápidamente aparece la explicación. Marcelo se define como un “León”. Cuenta que durante varios años trabajó en una oficina y que allí se sintió “enjaulado”. Y -para que no le queden dudas al encuestador- Marcelo remata con una sonrisa: “Ahora este león está en la calle”. No será difícil imaginar el tono de las otras respuestas de Marcelo, pero siempre es mejor ver y escuchar el testimonio directamente. Antes de pasar al video, solo sería necesario agregar que esta vez fue el encuestador el que se motivó en pocos minutos. Fue contagiado por el taxista chileno al punto que pidió expresamente que el audiovisual se musicalice con Nina Simone cantando “Feeling good”.

La Fórmula

Tripaliare Project concluye así su primera temporada, titulada La Fórmula. Y con ese título pseudo-numérico parece insinuar que las palabras también pueden crecer exponencialmente. Es una metáfora matemática sugiriendo que una sola pregunta, bien seleccionada y “elevada al cubo”, también puede “elevar las respuestas” de un interlocutor. Como lo hizo Sócrates en la antigua academia griega, pero en el moderno ámbito laboral. Esta “fórmula” podría ayudar a que aflore la sabiduría de nuestros trabajadores y que crezca el sentido en nuestro trabajo. Al menos así parece que sucedió con los taxistas entrevistados. Ahora su testimonio está documentado en menos de media hora. Nueve videos de tres minutos cada uno.

Creemos que el trabajo humano es algo elevado. Y creemos que la comunicación es una herramienta muy poderosa para elevarlo aún más. Exponencialmente.

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RedINSIDE 14-2 – Notas en este Número

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