La empresa es mi jefe

Hace algunos años, mientras trabajábamos en un caso de visión, misión y valores, un gerente de recursos humanos citó la frase que dice: “los empleados ingresan a empresas y renuncian a jefes”. Su interés estaba centrado en comunicar la Visión Corporativa de una manera integral. No quería anoticiar a la gente. No quería imponerles un texto nuevo y acaso ajeno para ellos. En definitiva, no quería que la visión de la compañía fuera sólo una campaña de afiches colgados en los pasillos de las oficinas o en las paredes de la planta. Desde esa perspectiva nos pidió que lo ayudáramos a gestionar la comunicación del caso.

Para aquel cometido tomamos el adagio como eje de la estrategia. Traducido a nuestro lenguaje significaba: “cada miembro de equipo escucha a su jefe como si éste fuera la empresa misma”. Eso quería decir que, de manera intrapersonal y acaso sin saberlo, los empleados se decían a sí mismos: “La empresa es mi jefe”. Sobre estas premisas trabajamos y lanzamos el plan. Finalmente, la comunicación en cascada de los mandos intermedios resultó determinante en el éxito de aquella estrategia, como así también la intervención del departamento de comunicación interna que lanzó una excelente campaña gráfica para reforzar todos los conceptos. Los roles de conducción de la compañía se asociaron con el gestor profesional de la comunicación interna. La dimensión Interpersonal, de palabra oral, estuvo asociada y potenciada por la dimensión Institucional, de palabra escrita. Eso potenció la coherencia organizacional y la palabra pensada de los empleados: “Efectivamente, la empresa es mi jefe”.

La intranet 2.0, la revista interna o un simple poster pueden ser medios muy poderosos dentro de una estrategia integral de comunicaciones. La comunicación escrita tiene el poder del documento y, publicada oportunamente, favorece la alineación de todos los empleados. Pero cuando estas prácticas se realizan de manera fragmentaria, sin la participación y el compromiso de los roles de conducción, tarde o temprano pierden efectividad. Por buenas que sean, pierden vida al fragmentarse. Es como hacer una vivisección en biología: cortar una parte del cuerpo para estudiarla de manera separada, implica quitarle la vida.

Mientras los medios que gestiona el comunicador interno gobiernan la palabra escrita, los jefes y supervisores tienen soberanía sobre la palabra oral. Ellos son quienes hablan con los equipos cotidianamente y determinan en gran medida -quieran o no- la calidad de la comunicación interna en toda la organización, puesto que a partir de esos intercambios los empleados piensan, sienten y hacen. La imposibilidad de no comunicarse que tiene todo ser humano, convierte a los mandos intermedios en otro “departamento de comunicación”, mas grande y diferente al del gestor profesional de los medios escritos. Pero si se trabaja metodológicamente y de manera integrada, este nuevo “departamento de comunicación” será absolutamente complementario y sinérgico al otro. Y la organización se podrá comunicar como un todo. De manera coherente y alineada.

Manuel Tessi

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